lunes, 16 de abril de 2012

Desde mis dedos...


¿Cómo puedo hacer que los sentimientos que se apelotonan en mi corazón bajen ordenadamente hasta mis dedos? ¿Cómo hacer que los pensamientos que ronden mi cabeza bajen hasta mis dedos? Saber expresar la pasión con la que pienso, o pensar con la intensidad que siento, quizás todo esto no tenga sentido, simplemente es escribir, no hay que darle tantas vueltas, o si, o no, o realmente importa, ¿qué es sentir? Si no sé decírtelo con palabras, quizás mis ojos lo reflejarían de mejor forma, o mi piel erizada cuando me roza, esos pensamientos que se entremezclan, realidad, fantasía, todo el tiempo planeando mientras la vida corre a toda velocidad, a pleno pulmón, es como si mi juventud hubiese pasado de cero a cien y yo no consigo recordar en qué momento arranqué el motor y eché a correr.
Quiero tantas cosas, tengo tantas otras que terminar, tantas que empezar y me falta tiempo para siquiera planearlas, no es dulce ver que los días no retornan, tres palabras que solo escribirlas hacen sentir mal “echar de menos” lo que sea o a quien sea es lo de menos, simples paranoias derramadas en un documento de Word que pasará a ser una nueva entrada, una entrada antigua en unos días.
No me siento mal, no estoy triste, ni nada parecido a pesar de mis continuos altibajos emocionales y mis reconocidos días de hormonas torcidas, estoy perfectamente, de hecho me resulta complicado ser simplemente una persona normal, despertarse, desayunar, ir a trabajar, personas, sonrisas, relaciones sociales, volver, casa, comida, rutina, ¿y qué tiene de malo en realidad? Momentos especiales que se entremeten en la cotidianidad de la vida que me ha tocado vivir, la que me he construido, la que tanto cuesta a veces y la que a veces es tan fácil que casi parece que no es tuya, que simplemente va pasando a tu alrededor.
Y esos ratos para soñar, esos ratos que cuando cierras los ojos son los que se reflejan tras tus parpados, recuerdos de todo lo que te hace sentir que estas realmente viva, de que estas aquí por algo, la última vez que te acaricié, esa frase que termino un capitulo nuevo, una carcajada de una amiga, un abrazo a mi madre.
Cuatro años hace que empecé con esa ilusión que solo pensé que sería una vía de escape  de la realidad que en ese momento me asfixiaba, cuatro años, en los que cada capítulo escribía y rescribía y leía y releía y borrar, cambiar, desesperarme, pasar las ideas de mi cabeza y mi corazón hacia mis dedos, expresarse no es tan fácil cuando solo puedes hacerlo con palabras, que los otros vean lo que tu ves, cuatro años casi y creo que ya no me queda mucho más, en este último capitulo están todas mis notas, ya casi puedo verlo, rozarlo, he visualizado tantas veces el final.
Espero tener las fuerzas suficientes y todo lo que haga falta para acabar mi libro, ese que me ha dado cuatro años de mi vida que jamás podré olvidar, días que no he dormido escribiendo y semanas que ni he abierto la libreta de notas, inspirada o derrotada no pararé hasta verte convertido en lo que realmente espero de mi misma.

Bss de color Violeta…